Si alguna vez me buscaras
creo que sería fácil reconocernos.
Podríamos juntarnos en una de esas esquinas
que no suelen vestir ni calles ni cercos.
Tú te pondrías un sombrero vistoso
y yo, por supuesto, te llevaría flores.
Reconocería fácilmente tu voz,
pues es la misma con la que me piensas.
Por tu parte creo que atinarías a reconocer mis manos
por todas esas palabras como caricias con las que me sueñas.
En primera instancia nos recorreríamos como científicos.
Tú calcularías si mi cuello frio hace buen soporte para tus mejillas.
Yo en cambio me preocuparía de si tus pies
caminan hacia la misma vida que los míos.
Luego iríamos a tomarnos un helado y a muchas otras cosas,
esos instante pasarían rápidos como en las películas.
Finalmente te llevaría a tu casa,
saludaría cortésmente a tus jurídicos padres,
y partiría.
Unos cuantos metros caminados, voltearía por una sospecha
y entonces te vería observándome desde un balcón en lo alto.
Y sería precisamente ese instante, solo ese instante,
El que me convencería de que tú eres…
Que tú eres lo que esperaba.
