Amaneció tarde en mi ventana.
Me extrañó que el día esperara a tu despertar,
quizás por la curiosidad que sintió el sol de ver tu brillo
quizás por querer andar el mundo bajo tus pies
o por querer el tiempo ver como avanzamos bajo su lecho.
Yo desperté al percatarme
y me abalance sobre la mañana complejo como siempre,
gastando mi vida al recorrer tus riñones y tus pensamientos,
maravillado al observar el milagro de tus rodillas
o de como se viste una manzana de tus mejillas
o de como el pan da a luz tu sonrisa de luna.
Mi niña hermosa…
pasarían eternidades sin cansarme de tus sermones y de tus fábulas,
de tus cabellos donde me apaciento,
de tus cicatrices quietas en tus brazos tranquilos.
Atardeció esta tarde en tu jardín,
el sol celoso nos encontró jugando
mientras observaba tus riñones
o tus rodillas o tus mejillas.
Pero de alguna u otra manera el tiempo siempre se nos escapa
ya sea por debajo de la ropa o por algún poema pendiente.
De alguna manera cada puerta que abro me dirige a tu calle,
a tus sermones y a tus cicatrices.
No me malentiendas,
siempre hay un muerto esperando bajo la cama,
un pez durmiendo sobre las aguas
o un crimen sin pistas ni sospechosos.
Pero siempre me basta una sola de tus sonrisas
y al instante se me cambia el momento, el día… la vida.
Anocheció como si nada.
Como si la vida encontrara su lugar en nuestro disfrute.
Como si quedara solo una eternidad para utilizar nuestras sonrisas.
Ríete mi niña que te traigo la luna,
mientras yo me quedo mudo como todas las noches
disfrutando como siempre de tus pies traviesos
observando cómo los versos que te brotan
se me van aferrando uno por uno al corazón.
Mientras me quedo pensando en ese otro día,
ese en el que yo sencillamente no podría existir…
…ese en el que tú no estás.
Me extrañó que el día esperara a tu despertar,
quizás por la curiosidad que sintió el sol de ver tu brillo
quizás por querer andar el mundo bajo tus pies
o por querer el tiempo ver como avanzamos bajo su lecho.
Yo desperté al percatarme
y me abalance sobre la mañana complejo como siempre,
gastando mi vida al recorrer tus riñones y tus pensamientos,
maravillado al observar el milagro de tus rodillas
o de como se viste una manzana de tus mejillas
o de como el pan da a luz tu sonrisa de luna.
Mi niña hermosa…
pasarían eternidades sin cansarme de tus sermones y de tus fábulas,
de tus cabellos donde me apaciento,
de tus cicatrices quietas en tus brazos tranquilos.
Atardeció esta tarde en tu jardín,
el sol celoso nos encontró jugando
mientras observaba tus riñones
o tus rodillas o tus mejillas.
Pero de alguna u otra manera el tiempo siempre se nos escapa
ya sea por debajo de la ropa o por algún poema pendiente.
De alguna manera cada puerta que abro me dirige a tu calle,
a tus sermones y a tus cicatrices.
No me malentiendas,
siempre hay un muerto esperando bajo la cama,
un pez durmiendo sobre las aguas
o un crimen sin pistas ni sospechosos.
Pero siempre me basta una sola de tus sonrisas
y al instante se me cambia el momento, el día… la vida.
Anocheció como si nada.
Como si la vida encontrara su lugar en nuestro disfrute.
Como si quedara solo una eternidad para utilizar nuestras sonrisas.
Ríete mi niña que te traigo la luna,
mientras yo me quedo mudo como todas las noches
disfrutando como siempre de tus pies traviesos
observando cómo los versos que te brotan
se me van aferrando uno por uno al corazón.
Mientras me quedo pensando en ese otro día,
ese en el que yo sencillamente no podría existir…
…ese en el que tú no estás.
